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Nota de prensa: ” En El Salado emiten las noticias desde el ‘burrófono’ “
Jóvenes del humilde corregimiento dan ejemplo de coraje con un creativo proyecto periodístico.
En El Salado hay un burro en cada casa. Algunas familias tienen hasta cuatro. Sobre ellos juegan niños, los labriegos van al campo y hasta viajan las últimas noticias por el pueblo (Vea acá fotografías del ‘Burrófono’).
A Gilberto Cohen se le ocurrió darle este último uso a un burro del corregimiento que pertenece al Carmen de Bolívar, y es apenas conocido porque 450 paramilitares masacraron a 60 labriegos de esa población y sus alrededores en febrero del 2.000
El jueves pasado le pidió prestado el animal a un vecino. Le montó sobre el lomo dos parlantes y un DVD. Y sus dos buenos amigos, Nairo Catalán y Reinaldo Urueta, lo acompañaban en esa emisión de noticias.
Todo comenzó en marzo del año pasado, cuando miembros del Centro Integral de Rehabilitación de Colombia (Cirec) llegaron al pueblo preguntando cómo podían ayudar a levantarlo tras la tragedia. Y Gilberto, que siempre ha querido ser periodista y es un líder de la comunidad, les dijo que montaran una emisora comunitaria.
Meses después el Cirec regresó con un grupo de ingleses, de la organización Fairtunes. Ellos construyeron un estudio de grabación en la casa donde otrora los labriegos de El Salado pesaban el tabaco, y ahora es la sede del Colectivo de Comunicaciones del Salado (Coco Salado).
Del proyecto hacen parte unas 50 personas, entre viejos y jóvenes. El Cirec se ha encargado de capacitar a tres grupos en radio, video y fotografía, y la Fundación Semana a otro en el área de prensa.
Gilberto ya sabe editar y montar el programa de radio. Pero como no hay una antena ni un transmisor, toca hacerle llegar las noticias a la gente de alguna manera. “Nosotros vamos desde abajo. Comenzamos a poner los primeros eslabones de una cadena que espero sea demasiado grande”, dijo Gilberto, mientras jalaba con una cuerda al burro por los polvorientos caminos del pueblo.
Pararon al frente de una casa. Pidió permiso para conectar el DVD, y le puso el CD donde tienen grabado el último programa. “El colectivo de comunicaciones de El Salado presenta desde su ‘burrófono’ las últimas del Salado”, se escuchó por los parlantes la voz entusiasta de un joven antes de que arrancaran los titulares. Iban noticias sobre las restricciones que habrá para hacer cacería y los cuartos de final del torneo de fútbol local.
En la primera calle pocos vecinos se asomaron a escuchar las “últimas del Salado”, pero a los tres amigos nada les desanimaba. Se desesperaban si un movimiento brusco del burro amenazaba con detener la emisión, y hasta aprovechaban el rato para regañarse por la ‘calidad’ del programa.
“¿No se te ocurrió sino entrevistar al más marica del pueblo?”, le reclamó, riendo, Reinaldo a Nairo sobre una nota cultural que estaba sonando. “Y tú, tenías que editarle el ‘viejo’ a ese man antes de que respondiera”, le endosó a Gilberto porque una fuente de la infantería de marina le decía en una nota: ”si, viejo Gilberto, los cazadores…”
Muestra de un fragmento del burrofono:
Hacia la cima
Gilberto tenía puesta una camiseta del Atlético Nacional. Es su equipo favorito desde que escuchó, pegado a un radio, cómo se coronaba campeón de la Libertadores en el 89.
Ese partido y todos los que ha visto cada domingo de su vida hicieron que quisiera ser periodista deportivo. “Y además siempre he vivido frente a la cancha de fútbol. Aquí se hacían unos buenos campeonatos en la época gloriosa de nuestro pueblo”, recordó.
Según el informe “La masacre del Salado: esa guerra no era nuestra”, del Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, el pueblo fundado en 1812 alcanzó a ser el corregimiento “más grande y próspero” del Carmen de Bolívar. La economía era empujada principalmente por los cultivos de tabaco.
Dice el informe que tras una primera masacre paramilitar en 1997 los 7.000 habitantes de El Salado se desplazaron por primera vez. Unas 4.000 personas regresaron a los tres meses, y aunque las compañías tabacaleras se fueron del pueblo la gente seguía viviendo bien.
Luego de la barbarie del 2.000 todos salieron de nuevo. El desplazamiento fue por dos años y esta vez, cuando regresaron, encontraron todo destruido. Hoy, ni la tercera parte de los habitantes que alcanzó a tener el pueblo ha regresado.
En el ‘burrófóno’ nunca hablan de la masacre, dijo Gilberto. Con este proyecto solo van a contarle a la gente lo que está pasando hoy día en El Salado.
Apenas hay un programa que se llama “Las voces del retorno”, que conduce Luis Torres, quien lideró el retorno de los desplazados en el 2002, donde algunos habitantes cuentan cómo regresaron al pueblo.
Le dio un empujón al burro y siguieron. En la nueva parada, en el barrio La Loma, no iba el programa de los cazadores, sino una nota de Gilberto sobre el campeonato de fútbol local. Esta vez aparecieron más vecinos. Hasta se acercaron a las puertas cuando arrancó al cabezote.
El burro que llevaban los amigos pertenecía a un labriego que se los presta cuando regresa del campo, a cambio de que lo dejen grabar vallenatos en el estudio de Coco Salado y los pongan a sonar en el programa de vez en cuando.
La tarea no es cosa sencilla. A veces la emisión ha estado a punto de no realizarse porque el dueño del burro necesita hacer una diligencia, y les toca alquilar otro por 10 mil pesos.
También pasa que el burro que usan siempre lo han dejado suelto para que coma, o busque burras vecinas, y nadie da con su paradero. Cuenta Nayro que una vez trataron con una burra pero casi estropea toda la emisión porque era “muy retrecherita, se ponía incómoda cuando sentía los parlantes sonando”.
Los amigos hicieron una parada más antes de que cayera la noche y cuando terminaron fueron a una casa vecina a la cancha de fútbol, para dejarle el DVD y los parlantes a la dueña: la mamá de Gilberto.
Él llegó a casa a dormir temprano. Al día siguiente madrugaba para ir al campo, a trabajar en sus cultivos de ñame, maíz y plátano.
“Yo aspiro a que salgamos al aire algún día -le dijo al periodista de este diario antes de ir a la cama- Pero tenemos que tener paciencia, apenas estamos preparándonos. Si nos van a poner al aire no vamos a tener cómo sostener 24 horas de programa. Tenemos que aprender, ir desde abajo, ir subiendo, y subir arriba a la cima”.
ALBERTO MARIO SUÁREZ D.
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
EL SALADO (BOLÍVAR)